Críticas, de Jorge Panesi

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Hay una resistencia inicial a nombrar. Resistencia y reticencia. El libro de Jorge Panesi escenifica ese pudor y ese combate desde el principio, desde el título mismo. En efecto, ese sustantivo solitario que nos enfrenta desde la tapa: Críticas, sin complemento ni especificador, se constituye como único actor, estrella que, paradójicamente, no posee atributo alguno y nos envía por ello al refugio tranquilizador de los paratextos.Críticas o la política de la reticencia

por Mario Camara

Criticas
Jorge Panesi
Editorial Norma
Año de edición 2000
Páginas 354
Buenos Aires

Hay una resistencia inicial a nombrar. Resistencia y reticencia. El libro de Jorge Panesi escenifica ese pudor y ese combate desde el principio, desde el título mismo. En efecto, ese sustantivo solitario que nos enfrenta desde la tapa: Críticas, sin complemento ni especificador, se constituye como único actor, estrella que, paradójicamente, no posee atributo alguno y nos envía por ello al refugio tranquilizador de los paratextos. Sin embargo, y pese a la información que bordea tapa y contratapa, somos instalados en un territorio que podríamos llamar provisional. Se nos ocurre realizarle algunas preguntas: ¿críticas de qué? ¿de libros? ¿de textos?

Pero nuestra interrogación no sólo no es respondida sino que es atizada. Ese sustantivo no deja de replegarse sobre sí mismo y en su repliegue, que es también un despliegue, abre un hueco en el lenguaje por el cual “Críticas” puede llegar a nombrarlo todo: locura de la polisemia.

La operación se reitera en muchos de los títulos de los ¿ensayos?, pero introduce sigilosa algunos refuerzos. Me refiero, por supuesto, a conectores y yuxtaposiciones varias que pueblan esos títulos. Encontramos conectores de alternancia, cuyo valor semántico no es exclusivo, como por ejemplo “Política y ficción o acerca del volverse literatura de cierta sociología argentina”; de adición, como por ejemplo “Walter Benjamin y la deconstrucción”. La gramática define a los conectores como una clase de palabra funcional, cuyo objetivo consiste relacionar estructuras de un mismo estatus. La cantidad de estructuras que pueden relacionar está limitada por nuestra capacidad procesamiento de las mismas.

Quiero decir con ello que, si el título había sido recortado en sus atributos y por ello era capaz de nombrarlo todo, los títulos de las críticas que contienen clases funcionales me permiten afirmar, sin temor al escándalo, que repiten la operación, a través de una estrategia diferente, poniendo en un primer plano el carácter de promesa de la lengua.
En la misma dirección podríamos pensar la utilización de los dos puntos, “El precio de la autobiografía: Jacques Derrida, el circunciso”, y de las comas “Cambaceres, un narrador chismoso”. En contra del énfasis (énfasis ilusorio) que proviene de los atributos “definitivos”, los dos puntos y los conectores introducen subrepticiamente la noción de infinito, son puntos ciegos que no cesan de engullir y desestabilizar toda definición que introducen y nos dejan frente a un espacio siempre pasible de ser ampliado. Grandes saboteadores del lenguaje, agentes dobles que socavan permanentemente su tarea de relacionar, nos permiten imaginar vertiginosas enumeraciones o yuxtaposiciones inacabables. La insoportable imposibilidad de cerrar un sentido. Adicionemos entonces a las políticas de la resistencia – reticencia, políticas de la “ansiedad”.
Recorremos de este modo, inquietos un índice en el que bastaría adicionar una simple Y al final de un enunciado y todo cambiaría. Ni origen, ni fin, los títulos trabajan sobre la fragilidad de su propia enunciación, se regodean en ella y la refuerzan en cada signo que estampan. Pueden alternarse si, pero también anularse, invertirse y cambiar de sentido. La promesa de una clausura eternamente dispuesta a ser reabierta.

Los títulos del libro Críticas son estilemas, por utilizar una feliz expresión de Horacio Gonzalez, que abren surcos por donde circularán los textos. Sin embargo, nunca terminarán de hundirse, saben que no hay superficie donde llegar. Ni hueso, ni territorio. Para decirlo en otras palabras, los estilemas de Panesi operan en un cuerpo que ellos mismos crean en el momento de su enunciación.

Inevitablemente habrá llegado la hora de abandonar los títulos y enfrentarse con los textos, esos cuerpos evanescentes, de recorrerlos en busca de una certeza que se resistirá a llegar. El impulso del punto final es aquí postergado, socavado en cada frase. Textos -cuerpos que no hacen más que insinuar la aparición de un próximo párrafo, deseosos de mutar, invertir, dislocar el sentido de aquello que se venía diciendo.

Nota publicada el 19-4-2001.