La diligencia

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“La diligencia” representa un nuevo punto de partida para el western. El prestigio y la prueba de que el género posibilitaba la creación de obras maestras. Mucho tuvo que ver la dirección de John Ford; sin embargo, cuando Ford decidió filmarla el apoyo de las productoras no fue el esperado. Ford era reconocido por sus dramas políticos y pocos recordaban sus westerns mudos. Este fue su primer western sonoro.

La diligencia

“La diligencia” representa un nuevo punto de partida para el western. El prestigio y la prueba de que el género posibilitaba la creación de obras maestras. Mucho tuvo que ver la dirección de John Ford; sin embargo, cuando Ford decidió filmarla el apoyo de las productoras no fue el esperado. Ford era reconocido por sus dramas políticos y pocos recordaban sus westerns mudos. Este fue su primer western sonoro.
Estuvo nominado a siete Oscar, incluso a Mejor Film y Mejor Director, y finalmente se llevó las estatuillas a Mejor Actor de Reparto (Thomas Mitchell) y Mejor Banda Sonora. Pero, más allá de los premios, su mayor mérito fue lograr el renacimiento del género western, que en aquellos años se encontraba cerca de su saturación.

Si hasta allí los westerns eran producciones de bajo costo, para las matinés de los sábados, tras “La diligencia” se convirtió en un género mayor, “adulto”, y que incursionaba en temáticas y caracterizaciones profundas. Así, lo que en principio parecería ser un argumento simple -el riesgoso viaje de una diligencia a merced de un ataque indio- se convierte en una obra que se mete con temas como los prejuicios sociales y sexuales, el alcoholismo, la venganza.

Lo que, además, fue el punto de partida de la legendaria relación entre John Ford y John Wayne contó con un sólido guión, que estuvo a cargo de Dudley Nichols. Éste, a su vez, se había basado en una historia corta de Ernest Haycox, publicada en Collier´s Magazine en 1937.

Cada personaje representa a un arquetipo de las distintas clases sociales y, en un principio, según las reglas de la moralidad, se dividen en dos grupos: el que conforman los respetables y el de los marginales. El banquero Gatewood, Hatfield y Lucy Mallory forman parte del primero; la prostituta Dallas, Ringo Kid y el alcohólico Doc Boone, integran el último. Sin embargo, con el correr de la historia, y a través de sus nobles acciones, los marginales logran “redimirse”.

El crítico Andre Bazin, fundador de la célebre revista francesa Cahiers du Cinéma, la definió como “el ejemplo ideal de la madurez de un estilo en busca de la perfección”. Pese a la opinión favorable de la crítica, en boleterías resultó ser un negocio a medias. Sin embargo, la opinión no cambió y siempre se la consideró una obra maestra. Orson Welles la vio una y otra vez -decenas de veces- mientras preparaba “El ciudadano”.

Fue la primera aparición del Monument Valley, ubicado en el estado norteamericano de Utah, uno de los escenarios naturales preferidos de Ford. Allí también filmó, entre otras, secuencias de Fuerte Apache, Pasión de los fuertes, Río Grande y Más corazón que odio.

El sentido común de Ford a la hora de analizar sus films era decididamente apabullante. Cuando le preguntaron porque -durante la persecución- los indios no disparaban a los caballos que empujaban la diligencia, respondió lacónicamente: “Porque eso hubiese significado el fin de la película”.

“La diligencia” irrumpió en uno de los años gloriosos de la historia de Hollywood: 1939. Una verdadera explosión de creatividad incentivada por el inicio de la Segunda Guerra, lo que promovió como feliz consecuencia la llegada de cineastas europeos refugiados, como Fritz Lang, Otto Preminger o Anatole Litvak.

Aunque a la distancia esos tiempos quizá derramen dosis excesivas de patriotismo e idealización del “American Way of Life”, ese año y el siguiente se gestan, entre otros films: “Ninotchka”, “Lo que el viento se llevó”, “Viñas de ira”, “Caballero sin espada”, “Beau Geste”. La industria del cine es una locomotora y Gary Cooper, la persona que más gana en todo Estados Unidos.

Carlos Pagura