Malena

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“Malena es una historia simple, esquemática; la historia de un doble crecimiento: un niño que se transforma en hombre, una niña que se transforma en mujer. Al final, representa el eterno conflicto entre el Bien y el Mal.” Lo Mejor del Cine Italiano

Se estrena el jueves 5 de abril la última realización de Giuseppe Tornatore que, después de su recordada Cinema Paradiso (1988), vuelve al tema de los recuerdos infantiles mediante un estilo costumbrista emparentado con el Neorrealismo italiano, del cual es evidente admirador.
Malena es la historia de una joven
mujer, la belleza más irresistible y deslumbrante de Castelcuto, una pequeña villa de la costa siciliana. Su sensual andar por las calles del pueblo despierta la lujuria de los hombres y la envidia de sus esposas.
“Yo tenía 13 años. Un día, a fines de la primavera de 1941, la vi por primera vez… Lo recuerdo muy bien porque esa misma tarde, mientras Mussolini le declaraba la guerra a Francia y a Gran Bretaña, yo recibí mi primera bicicleta.” Con estas palabras de Renato Amoroso, pronunciadas por una voz en off, comienza el film e instituye al pequeño como narrador, a partir de su punto de vista está estructurado el relato.
La historia se basa en un cuento del veterano guionista Luciano Vincenzoni (autor de más de cien films, entre ellos algunos clásicos de Sergio Leone), quien elaboró la historia ficcional de Malena a partir de sus propios recuerdos.
“Malena es una historia simple, esquemática; la historia de un doble crecimiento: un niño que se transforma en hombre, una niña que se transforma en mujer. Al final, representa el eterno conflicto entre el Bien y el Mal.”, declara Tornatore.
Su Malena se convierte en lo que su sociedad hace de ella, al principio la adoran, luego abusan de ella y sólo uno la ama verdaderamente.
Tres líneas de argumento se entrecruzan en esta historia, el ascenso del fascismo y la militarización de Italia en pos de conquistas utópicas forman un entramado con las líneas que siguen las etapas madurativas de Renato y el triste destino de Malena.
En una de las primeras secuencias, unos adolescentes observan el andar de una frágil criatura, una pequeña hormiga es tomada en un primer plano convirtiéndose en el centro del cuadro; los jóvenes no se limitan a observarla, se divierten torturando y destruyendo al inocente insecto al mismo tiempo que se escucha en off la voz imperativa del Duce. Este par imagen-sonido se encuentra tan jerarquizado que cabe preguntarse el sentido del mismo, ya que no parece insertarse demasiado bien en la trama. La crueldad del entorno social cobrando una víctima inocente, dentro de un caldo de cultivo sociopolítico acorde a este estado de violencia generalizado, es el tema central presentado en pocos segundos que luego se desarrollará a lo largo del film.
Sólo Renato, a quien no casualmente se le adjudicó el apellido Amoroso, observa a la hormiga sólo desde la curiosidad y se espanta de ver lo que la crueldad de sus compañeros ha causado.
En Renato se encarna la semilla de la rebeldía, él cuestiona desde su inocencia las pautas de comportamiento que resultan normales para el resto. Ese impulso iconoclasta que lo lleva a quebrar el brazo de una escultura religiosa y a romper el busto del Duce, son síntomas de una generación nueva opuesta a un entorno hipócrita, cargado de prejuicios y supersticiones, que sirve de caldo de cultivo óptimo para el fascismo.
Su inclinación al “voyerismo”, desde observar a Malena en su vida privada hasta pasar sus propios deseos por el filtro de la ilusión cinematográfica, da cuenta de un ser imaginativo que, probablemente se convierta en artista en un futuro no muy lejano.
Aquello que, en un principio, es una mera observación de la realidad, poco a poco se va traduciendo en acciones concretas. A medida que Renato se hace hombre, se vuelve cada vez más responsable de sus actos y participa activamente en la resolución de la historia (y de la Historia).
Otro punto a tener en cuenta es la relación estética que Tornatore establece entre pintura e imagen cinematográfica:
Malena (apócope de Magdalena) toma conciencia de que se ha quedado completamente sola, incluso su propio padre la ha abandonado a su suerte, ella observa su imagen en el espejo y parece dialogar con su propia conciencia antes de tomar una determinación, su rostro se encuentra sólo iluminado por la luz de una vela en un fuerte contraste de claroscuro. Es posible que, para esta composición, Tornatore se haya inspirado en “La Magdalena Penitente” de Georges de la Tour, artista perteneciente al barroco francés de principios de siglo XVII, famoso por sus escenas de iluminación fuertemente focalizada a partir de la luz de una vela. En esta obra La Tour describe el momento de la conversión de la Magdalena bíblica al cristianismo, el espejo y las perlas que yacen sobre la mesa simbolizan la vanidad y el lujo, mientras que la calavera que sostiene en su regazo y la vela consumiéndose representan la fragilidad de la vida y la aceptación de la muerte como destino final.
En el film de Tornatore, la escena de la transformación de su Malena es tal vez el momento de quiebre de la historia, el momento álgido a partir del cual se define el desenlace.

Tornatore abreva en fuentes plásticas, cinematográficas y literarias para crear su obra y, de su mano, vuelve la mejor tradición del cine italiano.

Adriana Schmorak
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Estreno: 05-4-2001