Arlt

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A la narrativa de Arlt se la puede calificar de impetuosa, en ella el impulso y la necesidad pesan más que la reflexión, de este modo los personajes alcanzan la categoría de arquetípicos. El ímpetu de Roberto Arlt.

por María Comito

El 2 de abril de 1900 nació, en el barrio de Flores, Roberto Arlt, escritor irreverente, que en entrevista concedida, en 1929, a “Literatura Argentina” declaró:

“Tengo una fe inquebrantable en mi porvenir de escritor. Me he comparado con casi todos los del ambiente y he visto que toda esta buena gente tenía preocupación estética o humana, pero no en sí mismos, sino respecto de los otros. Esta especie de generosidad es tan fatal para el escritor, del mismo modo que le sería fatal a un hombre que quisiera hacer una fortuna, ser tan honrado con los bienes de otros como con los suyos. Creo que en esto le llevo ventajas a todos. Soy un perfecto egoísta. La felicidad del hombre y la humanidad no me interesan un pepino. Pero en cambio el problema de mi felicidad me interesa tan enormemente, que siempre que lance una novela, los otros, aunque no quiera, tendrán que interesarse en la forma como resuelven sus problemas mis personajes, que son pedazos de mí mismo”.

A la narrativa de Arlt se la puede calificar de impetuosa, en ella el impulso y la necesidad pesan más que la reflexión, de este modo los personajes alcanzan la categoría de arquetípicos. Sin embargo esos personajes representan al individuo de la clase media porteña del primer cuarto de siglo, que en busca de mejores horizontes, llega a Buenos Aires y se encuentra marginado socialmente. Como reacción a esa sociedad que los oprime y reprime su individualidad, los personajes de Arlt encuentran una válvula de escape en sus sueños y delirios. Como revolucionarios, estos sueños y delirios son lanzados contra los poderosos pero se quedan a mitad de camino y sólo alcanzan a los miserables, en consecuencia en vez de convertirse en héroes se convierten, a mitad de camino, en asesinos, rateros o delatores de sus propios compañeros.

Por otra parte estos personajes, geográficamente ubicables, “hablan” el lenguaje de la calle, esa mixtura que la masa migratoria hizo del idioma de Buenos Aires. Y así a Arlt se le debe la inserción en la narrativa de un lenguaje vivo en la estructura de la obra lejos del pintoresquismo dialectal.
De este modo plasma lo contemporáneo del siglo con ojo certero y se lo puede considerar como el primer novelista moderno de nuestra literatura.

Se puede decir de Roberto Arlt que, de su propia definición como escritor y del trabajo que realiza como tal, jugó su deseo de manera inquebrantable y consecuente.

Producción literaria:

– Novelas: “El juguete rabioso” (1926); “Los siete locos” (1929); “Los lanzallamas”(1931); “El amor brujo” (1932).
– Crónicas periodísticas: “Las aguafuertes porteñas” (1933); “Aguafuertes españolas” (1936)
– Relato: “Viaje terrible” (1941)
– Cuentos: “El jorobadito” (1933); “El criador de gorilas.” (1951). Dos volúmenes, que contienen alrededor de veinticinco cuentos.
– Teatro: “300 millones” (1932); “Separación feroz” (1938); “Saverio el cruel”, “La isla desierta” , “El fabricante de fantasmas”; “La fiesta del hierro”.

Notas relacionadas:

Las tapas de Arlt
La isla desierta

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