Cadena de favores

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Utopía, compromiso y fuerza de voluntad son los valores que rescata Cadena de Favores. Y se deja ver.
Un poco de utopía

Chris Chandler tenia su radio sintonizada en la frecuencia policíaca y así se entera de una situación con rehenes. Conduce hasta el lugar y mientras discutía con un oficial, el secuestrador escapa después de chocar contra su auto y destruirlo. Entonces se le acerca un desconocido que le pregunta si necesita un nuevo coche y le obsequia las llaves de su Jaguar último modelo. ¿Cuál es la trampa, qué me pedirá a cambio? -pregunta Chris. -Nada -contesta el extraño- pero deberás hacer tres grandes favores a otras tres personas. Y la historia se remonta cuatro meses atrás, cuando el maestro Eugene Simonet dió a sus alumnos una tarea inspiradora: Encontrar una idea que cambie el mundo y llevarla a la acción. Y su alumno Trevor McKinney recoge el guante con una propuesta: una cadena de favores. Y a partir de allí, todo cambiará.

La idea de Trevor no es nueva, hace años que se usa con fines comerciales. Usted debe haber recibido alguna vez una carta o email proponiéndole diversas opciones -envío de dinero, compra de productos- so pena de eterna desgracia si no lo hace y corta la cadena. Pero Trevor le dio una vuelta de tuerca: yo hago tres grandes favores a tres personas. Tiene que ser algo tan importante que esa persona no sea capaz de hacer por sí misma y que cambie su vida. Y cada una de ellas deberá hacer lo mismo por otras tres personas y así sucesivamente. En medio de ese torbellino de energía que desencadena Trevor, hay dos seres heridos y temerosos: Arlene, la madre de Trevor, acostumbrada a los maltratos de su esposo Ricky y tan alcohólico como ella y Eugene, el maestro de Trevor que ve proyectada en el niño su propia infancia. Y como para terminar de subrayar la trascendencia de la idea del niño, la historia trancurre en la ciudad de Las Vegas, entre salas de juego y cabarets -lugar dado al individualismo y al hedonismo si los hay- en una escuela a la que ciertos niños van con navajas que pasan de contrabando por los detectores de metal y vagabundos que duermen en basureros.

El film intercala constantemente el flashback con el flashfoward. Parte de los extremos: origen y final y recorre el trayecto hacia el encuentro de ambos. Trevor, el iniciador de la cadena y Chris, el beneficiario actual, el que no se conforma con cumplir el pacto, sino que quiere llegar al origen del movimiento, por interés profesional. Esto es interesante, por que mientras el niño está convencido de su absoluto fracaso, el flash forward de Chris reconstruyendo la historia muestra lo contrario.

No obstante, el desenlace es inesperado. Vale la pena verlo, por cuanto tiene tres elementos que estamos necesitando en grandes dosis: un poco de utopía -de aquellas perdidas hace rato, mucho de compromiso con el entorno y gran fuerza de voluntad para llevar adelante aquellos trabajos difíciles para cada uno por lo trascendentes que son para otros.

Socorro Villa
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