Andrés Habegger

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Alto, cabello castaño, ni corto ni largo, ojos claros, sonrisa amplia. Cuando haya visto “(h) historias cotidianas” va a pensar: -la verdad, me gustaría conocer al tipo que hizo esta película. Andrés Habegger (con h de hijo)

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por Socorro Villa

Habían pasado unos minutos de las 17 horas cuando Andrés Habegger atravesó el umbral. Alto, cabello castaño, ni corto ni largo, ojos claros, sonrisa amplia. Tiene 32 años, una hija, Maia, de 13 meses y una esposa llamada Johanna. Y todo esto no sería importante para usted si no fuera porque cuando salga de la sala después de haber visto “(h) historias cotidianas” va a pensar: -la verdad, me gustaría conocer al tipo que hizo esta película. Como me pasó a mí.

“(h) historias cotidianas” es la historia de 6 hijos de padres desaparecidos, desde la óptica de Habegger, cuyo padre desapareció en 1978. Y aunque su historia no aparece en la pantalla, uno puede apreciar que está ahí.

¿Cuál es tu historia?

AH: Bueno, como vos decís, mi historia está claramente expuesta allí. No está narrada mi historia particular, ni lo que me ha sucedido o dejado de suceder, ni lo que yo pienso personalmente. Sí está en todos ellos y en cómo está construida. Creo que el hecho de que yo también sea hijo de desaparecidos, le da una impronta muy marcada al documental. Nací en el ’69 y mis padres se separaron en el ’76. Entonces yo me fui exiliado a México de la mano de mi madre. Mi padre era, por un lado militante político y por el otro estaba muy vinculado al periodismo. En realidad sus inicios fueron el periodismo deportivo, fundamentalmente por una cuestión geográfica porque él es oriundo de Arrecife, de donde salió Di Palma y otros corredores. Así que todo allí gira en torno al automovilismo. Después, progresivamente, se va pasando al periodismo político. Él sigue militando y es uno de los siete que desaparece en lo que se llamó el plan cóndor, en Rio de Janeiro, Brasil. Yo tenía en ese entonces, 9 años y nos quedamos en México hasta marzo del ’84. En relación con mi historia, creo que he pasado por muchos de los períodos que se narran en el documental, tuve una etapa de militancia política, tratando de continuar lo que hizo mi viejo. El era una figura muy fuerte, muy idealizada para mí y contribuye a que esta figura sea tan grande, justamente la cosa tan misteriosa de la desaparición.
Creo que también tiene que ver con la edad de uno. Porque aunque los hechos sean sólo unos, dependiendo del momento en que se está la historia va cambiando. En un momento mi padre era uno y luego era otro. Después pasé por un momento de mucha bronca por el abandono -aunque tal vez no sea la palabra- porque la elección que él hizo, con respecto a su militancia, es de alguna manera lo que me privó de tenerlo hoy como padre. Mi bronca era con esa elección, aunque tal vez sea una visión muy en blanco y negro. Y pasé también por un período, tan bueno como doloroso, de ponerme a investigar qué le había pasado, de hablar con sus amigos, tratar de rellenar muchos huecos. Y hablando a nivel humano, de tratar de saber qué le pasó, si alguien lo vio? que por un lado aporta mucho, pero que al mismo tiempo es muy doloroso. Y creo que en el momento de iniciar la película yo estaba como en un momento de mucho equilibrio y quería contar la película desde ese lugar: desde el lugar de un joven que lo que primero había sufrido es la ausencia de su padre. Lo que a mí me faltaba en ese momento, era mi padre, “mas allá” de lo que había hecho? Y por eso me interesaba encarar la película desde ahí, y desde lo difícil que era para mí, como para estos pibes, vivir con esta cosa de no tener certezas, de “saber” que puede estar muerto pero no tener lugares simbólicos para recordarlo?

En tu película hay mucho equilibrio, no hay golpes bajos? ¿cómo llegaste a ese equilibrio?

AH: Bueno, creo que el equilibrio personal en el que yo me encontraba fue decisivo. Y en cuanto a lo más cinematográfico, yo he criticado mucho esto que tiene el cine argentino de querer ser pretencioso, discursivo, de decir “esto fue así”, de tener moraleja y decir estas son las víctimas y estos los victimarios, de ser muy generalizador. La sensación es que mucho -no todo pero mucho- de lo que se hizo en el cine sobre esta temática caía en eso. Y esto le restaba justamente lo más rico que son las singularidades y que a su vez le permiten identificarse a la gente muchísimo más. Esta cosa de mostrar una pequeña historia, que no sea más pretensiosa que lo que es esa pequeña historia. Quizás ese equilibrio lo encontré a partir de mi reacción hacia lo que ha sido el cine argentino, esa actitud crítica de mi etapa de universidad? Teníamos el objetivo a donde queríamos llegar y qué no queríamos hacer, o qué perfil no atacar. También nos ayudó que no teníamos un límite de tiempo en la etapa de edición. Eso nos permitió ir trabajando y tomar, cuando era necesario, distancia temporal. Por tres semanas no hacer nada y después volver y decir esto va, por acá no va? Creo que eso nos ayudó. Porque no fue para nada fácil haber estado vinculado al tema que se aborda y al mismo tiempo, tomar esa distancia. Por un lado favorecía pero por otro se hacía pesado. Para que esto no sucediera, a la hora de formar el grupo me interesó que hubiera gente que estuviera cercana de la temática, que le interesara, pero no necesariamente que tuviera una historia igual a la mía. En el equilibrio del grupo ayudó que hubiera gente que lo pudiera ver desde otro lugar, como un potencial público? Me interesaba que la película no fuera un límite para que alguien de 20 años se pudiera acercar a ella. No buscábamos convencer a nadie de nada. Sí, tal vez, aportarle una mirada distinta.

Tu película rompe con ciertos estereotipos, los de los chicos que militan en HIJOS, por ejemplo?

AH: Bueno, quisimos dar la vuelta a esos estereotipos. Por eso la elección de que los protagonistas fueran de un perfil amplio? De los seis sólo una -Florencia- participa activamente en HIJOS. Otros han participado un tiempo, otros nunca. Porque buscábamos reflejar la realidad de los hijos.

¿Cuándo surge en vos la idea de hacer esta película? ¿Cómo llega a las salas?
AH: La idea surge a mediados del ’97, cuando hablé con Lucía Puenzo, que es la co-guionista, y Juan Pablo Bermúdez, que es la otra persona que participó en la investigación. A partir de allí definimos la idea y cómo encararlo y definimos también que lo armaríamos a medida que fuéramos filmando, para dar lugar a los nuevos temas que surgieran en las entrevistas. Un año después se empezó a filmar.
Fueron necesarias muchísima paciencia y perseverancia para conseguir el apoyo financierp. Para colmo, nuestro producto era un documental con una temática que, si bien despierta interés, no despierta fácilmente inversores. Realmente me cansé de encontrarme con mucha hipocresía, con gente progresista que te dice “sí, que interesante, vamos a ver qué se puede hacer” y después no pasa nada. Creo que es preferible la gente que piensa distinto que yo que me dice “me interesa, no me interesa, pongo plata, no pongo plata”. Fue interesante descubrir eso, porque al principio yo era director y productor. La película empezó cuando recibimos un subsidio del Fondo Nacional de las Artes y algo de dinero de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico y Cultural, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad. Eso nos permitió iniciarla. Luego, cuando fue avanzando y ya tuvimos las primeras versiones, eso nos permitió acercarnos con el material. Ahí se sumó al proyecto David Blaustein como productor, lo que potenció muchísimo las cosas. Para cerrar todo, lo presentamos el año pasado al concurso de post-producción que hizo el INCAA. Quedamos entre los ocho ganadores y con ese aporte -pese a que es un crédito, fue el aporte económico más importante- pudimos terminar el film.
Para la distribución, tuvimos mucho apoyo de Pascual Condito, de Primer Plano, considerando que la película no lo tiene a Leonardo Sbaraglia, ni yo soy Piñeyro -que desde el punto de vista comercial, para un distribuidor, es muy importante- pero le interesó la visión, le interesó también el momento del estreno, vinculado a los 25 años del golpe. A partir de allí, la estrategia fue salir en dos salas -Cosmos y Tita Merello- y apostar a que tuviera permanencia y fuera creciendo en el boca a boca. El plan después es llevarla al interior, por lo pronto La Plata y Rosario y después Córdoba y Mendoza.

¿Qué aspectos de la vida de los protagonistas compartís con ellos, en cuáles te identificás?

AH: Creo que tengo muchas cosas de cada uno. Particularmente hay uno con el que me identifico más, que es con Ursula, quizás por el momento en el que estaba. Ella está en el momento de tener un gran reconocimiento hacia ese padre que no está, y al mismo tiempo, decir hoy mi elección de vida pasa por este otro lado. Mi elección de vida pasa por esto que es el cine, en donde yo puedo reconocer todo lo que él me dio, criticar muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, que él eligió hacer. Con Victoria también me identifico, porque siento que la búsqueda permanente que ella personifica en el documental es también mi búsqueda. Siento que por momentos tengo más y por momentos menos búsqueda, pero que todas nuestras vidas son un rompecabezas, porque nuestra historia, especialmente la de nuestros padres, es un rompecabezas. En un punto es como una historia sin fin? Para mí la película es ese fin que cada uno hace en el bloque final de la película, que no tiene nada que ver con no recordar. Tiene que ver con otra cosa distinta. Como Ursula narra su homenaje en la calle Perón, como Martín va a esa plaza con el nombre de su abuelo, como Victoria encuentra ese lugar, para mí ese lugar fue el día del estreno de la película.

Tu película es una especie de manifiesto de cómo debe ser abordado socialmente este período de nuestra historia, cortás con la estereotipación … A partir de allí ¿Qué temas necesitan ser debatidos y cómo?

AH: No es nada fácil contestarte. Una cosa es expresarlo en la película y otra contestarte. Creo que hay muchos ámbitos de discusión y creo que una no anula la otra. Mi intención al plantear esta discusión no es anular otras, así como no sé si hay una discusión más válida que otra. Lo que me motivaba es decir bueno, qué de todo lo que pasó en nuestro país, de todo lo trágico, de todo lo duro, de todo lo que fue nuestra historia, de todo lo que implicó la desaparición de personas, la dictadura? ¿qué de todo eso está presente hoy? Es como poder presentizar toda esa problemática. Si bien creo que debería haber discusiones más serias en torno a lo histórico, desde la militancia, la elección de la violencia como camino político? Por un lado para mí hay una gran cobardía en los sectores militares porque si bien se hacen cargo de haber estado en el gobierno, no se hacen cargo de lo que hicieron. Nunca -o muy pocas veces- escuché a un tipo decir, sí, hicimos lo que hicimos. Y me parece en serio, una gran cobardía. En ese punto, creo que hay un montón de discusiones por ese lado, que no son las que aborda el documental, pero que están ahí flotando porque nunca terminaron de hacerse en serio. Y creo que, obviamente, lo que contribuye a que todo esto siga ahí flotando es justamente, que esto nunca se ha cerrado por que los desaparecidos están siempre en clave de presente, continúan desaparecidos.
Pero a mí, lo que más me interesaba es qué cosas nos han marcado -tanto a los protagonistas como a los que no están directamente vinculados- qué cosas llevan consigo en su presente. Una hipótesis que me planteaba es, bueno, si esta generación de 20 a 30, que es la que está signada por esta historia directa o indirectamente, porque no solamente están lo hijos, también están los primos, los nietos -no es sólo que yo no tengo a mi padre, sino que mi hija no tiene a su abuelo- que dentro de 20 años va a ser la generación socialmente activa, políticamente activa, de qué manera esta historia va a estar presente en ellos, en su forma de relacionarse con la gente, con el mundo, de elegir hacer cosas? Creo que está presente. En muchas pequeñas cosas, desde la utilización del lenguaje hasta en la estructuración psicológica de la persona. Hasta hace unos años, yo no podía ver una película hollywoodense, de esas con un final con reencuentro con música romántica, sin hacer asociaciones con esas fantasías que muchos tuvimos? Veía una película con Julia Roberts y me pasaba lo mismo? Entonces me interesaba decir eso: Ok, pasaron 25 años, pero en realidad la historia es cada uno de ellos, y cada uno de ellos es su historia en presente. Me interesaba abordarla quebrando esa barrera temporal.

¿Qué pensas cuando te encontras con jóvenes nacidos en el ’76 que no tienen idea de quiénes fueron Videla o Massera, que no leyeron el Nunca más, y llegaron hasta el presente sin noción de lo que pasó mientras ellos crecían?

AH: Me provoca bronca y desesperanza. Una vez me pasó en un escuela primaria, dando un taller de Periodismo, salió en el Clarín, en la primera plana, la noticia cuando Massera estuvo en un programa de TV, y por curiosidad les pregunto ¿saben quién es Massera? Silencio total y una sola me contesta: el de los helados. Para mí está claro que no son estos pibes los que tienen la responsabilidad de no saber. Creo que tiene que ver con una enfermedad de este país de hacer “como que”, de vivir como muchos simulacros. De hacer como que vivimos en democracia, cuando ahora está en el gobierno un tipo que tuvo el 10% de los votos en esa elección. Hacemos como que todo esto ya pasó. Hacemos como que somos un país europeo en lugar de asumirnos como latinoamericanos. Creo que Argentina vive como en un gran simulacro, que nunca termina de aceptar lo que es. Que es un país latinoamericano, cada vez mas pobre como cualquier otro país latinoamericano, que no es ese gran país que muchos pretenden? Y con esto pasa eso: ya pasó, ya fue. Lo viven como yo vivo el 25 de Mayo, algo lejano. Pero para esos pibes en particular me interesaba hacer esta película y me interesaba también que hubiera pibes de 20 años del otro lado, porque quizás cuando un pibe de 20 años que vivió en su pequeño mundo y no sabe nada, puede ver del otro lado a otro pibe de 20 años que tiene una historia cargada con un montón de cosas, esa brecha temporal se pueda romper un poquito. Y si esa brecha se rompe, entonces ya no es más que esto pasó hace 25 años. Este pibe de 20 años tiene un hijo que no tiene abuelo. Y eso cambia las cosas. Por eso me interesaba que hubiera gente joven en la película.

¿Y tu hija?

AH: Mi hija? mi hija es muy especial para mí. Creo que a todos les pasa de identificarse con el padre cuando tienen un hijo y uno con el hijo se identifica con uno cuando fue hijo? Y más allá de todo cuanto ha significado mi historia en cuanto a que a mí me ha arrebatado parte de mi vida y en otro momento poder sentir que uno crea vida. Son como dos polos que se unen. Cuando nació mi hija lloré mucho? porque inevitablemente pensaba en mi padre, en lo que me hubiera gustado que él estuviera, en lo que representan estos dos polos de vida y muerte?
Creo que no es casual ni causal que engendráramos a Maia al mismo tiempo que el documental. Creo que tuvo que ver con el momento que yo estaba viviendo, que fue el propicio para ambas cosas. Además con el equipo de producción bromeamos mucho al respecto. Los nueve tenemos entre 24 y 32 años y al principio ninguno tenía hijos. Al terminar, de los nueve, 4 somos padres. Así que bromeamos diciendo que fue un “documental de hijos”, muy fértil tratándose de hijos.

¿Cuál es tu sueño, con respecto a la argentina, para Maia?

AH: Me gustaría que creciera en un país menos hipócrita. No quiero caer en los lugares comunes, de menos violento y eso, pero me gustaría que fuera menos hipócrita, que pudiera asumirse lo que es, más transparente, menos histérico. Porque este país tiene cosas maravillosas y cosas odiables, que hacen que por momentos uno lo ame profundamente y por momentos lo odie de igual manera. Yo que he vivido en otros países puedo comparar todo lo que esos países te dan que no tiene este país, pero también todo lo que tenés acá, que no tenés en otros países. Me gustaría que fuera un pocos menos sinuoso.
Te dejo el broche de oro:
AH: Bueno, me parece importante que el documental hable sobre la identidad y la búsqueda. Es un recorrido. No por nada empieza con una estación de tren y termina con alguien que se va caminando. No por nada también hay juegos con la H -huellas, hijos, historia, hoy- con la idea de darle un sonido a una letra que es muda, jugando con la idea de darle entidad a algo que no ha tenido tanta entidad. Me gustaría que el documental -que es básicamente observación y memoria- le pueda servir de algo a muchos otros. Tal vez de espejo, o de reflejo. No sé. Tengo muy en claro que no va a cambiar el mundo, pero sí espero que pueda servir de algo.
Por otro lado, ahora estamos trabajando en otro documental. Estamos en la etapa de búsqueda de inversores para financiamiento. Se trata de una orquesta de pibes entre 8 y 12 años, en su mayoría de barrios marginales de Lugano. Un proyecto sumamente interesante por el grado de compromiso que tienen los pibes con la orquesta de música clásica. Los chicos son mitad clase media de Lugano y mitad de las villas. Muchos de los chicos de esas villas son bolivianos y paraguayos.
Además estoy empezando a escribir un guión de ficción, pero eso es para más adelante?

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Nota publicada el 29-3-2001.