La sombra del vampiro

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Hollywood ama las llamadas “filmaciones malditas”, esas detrás de las cuales con el paso del tiempo se va creando una leyenda que termina siendo tan o más importante que la obra misma. Pasó con El exorcista y con El ciudadano. Ahora es el turno de Nosferatu (1922), la vanguardista creación del director alemán F.W.
Un homenaje a Nosferatu y a Murnau.

Hollywood ama las llamadas “filmaciones malditas”, esas detrás de las cuales con el paso del tiempo se va creando una leyenda que termina siendo tan o más importante que la obra misma. Pasó con El exorcista y con El ciudadano. Ahora es el turno de Nosferatu (1922), la vanguardista creación del director alemán F.W. Murnau que cuenta entre sus logros el haber sido la primera adaptación al cine de la novela “Drácula” de Bram Stocker, descollar como pieza fundamental de la llamada corriente expresionista y retratar la figura del vampiro de una manera original no igualada en el resto de la corta historia del cine. Y accede a la categoría de “maldita” gracias a que la viuda de Stocker logró, justicia de por medio, que se destruyan la mayoría de las copias por un tema de derechos de autor no correspondido y ante todo por la enigmática figura de ese vampiro senil, calvo y deforme que fue el Conde Orlock y las apuestas sobre quién se escondía detrás del maquillaje (se llegó a decir que era el propio Murnau).

La sombra del vampiro es el título elegido para recrear libremente el proceso de filmación de Nosferatu. Dirigida por Elias Merhige, la historia juega con la misteriosa identidad del protagonista Max Schreck y de su personaje el Conde Orlock (interpretado en forma excelente por Willem Dafoe) y la enferma relación de éste con el director Murnau (el siempre acertado John
Malkovich). Llegando al extremo de imaginar que Schreck es un verdadero vampiro con el que Murnau ha hecho un pacto para nada ordinario a cambio de sus servicios.

Además de funcionar como una especie de homenaje-documental, La sombra? tiene elementos propios de los cuales gozar. Si bien indefectiblemente vuelve a tocar los temas de la obra original, como la romantización melancólica de la muerte, la estrecha línea entre el bien y el mal, y la poética de lo monstruoso, llega con una dosis in crescendo de tensión y buenos toques de humor, a plantear la monstruosidad propia de la obsesión del ser humano por acceder al éxito y a la inmortalidad. No por nada el vampiro le dirá al director alemán “tú y yo no somos tan diferentes”. Estos elementos hacen que la película de Merhige sea disfrutable como historia de terror más allá de si se conoce o no la obra original.

Merhige logra también con esta bellísima fábula producto de la imaginería popular, rendir un merecido tributo al director alemán, un revolucionario de las técnicas cinematográficas que después de triunfar en su país natal fue contratado por la Fox y al poco tiempo desechado por no adaptarse a los mandatos del recién llegado cine sonoro, para convertirse así en uno de los primeros mártires devorados por la feroz industria del cine. Esto último viene al caso, ya que estabamos hablando de monstruos.

Por Juan José Dimilta
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Estreno del 22-03-01