Arte de AFrica en BAires

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La colección privada Campomar de objetos africanos deslumbra por la cantidad, variedad y calidad de las piezas exhibidas en el Centro Cultural Borges.Mensaje del arte africano

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por Julio A. Portela

Exposición Centro Cultural Borges.
Galerías Pacífico.
Viamonte Esq. San Martín. Buenos Aires
(del 8 de marzo a mediados de abril 2001)

¿Desconocimiento o misterio?. Son tiempos de reconocimiento del arte de sociedades diferentes a la nuestra. A juzgar por la multiplicidad de las exposiciones realizadas en Europa en los últimos años y también alguna en nuestro medio, la exhibición del arte africano, pareciera tener un renacer.

Recordemos que ya en las primeras décadas del siglo XX se produjo en Europa un deslumbramiento por lo africano. Ocurrió que al regreso de los colonizadores y evangelizadores a las metrópolis trajeron objetos y recuerdos de fuerte impacto por su rareza y concepción. Los artistas plásticos descubren las formas y mensajes de esos objetos y los incorporan a sus obras en una reinterpretación, dando lugar a los movimientos fauve y cubista.

Hasta esos tiempos, este tipo de sociedades y su arte habían sido considerados “primitivos”, conjuntamente con los de Oceanía y las Américas. Posteriormente, los franceses con gran criterio y sensibilidad llamaron a esas expresiones “artes primeras” otorgándoles jerarquía superior a la reconocida con la anterior denominación.

De pronto en Buenos Aires, lo impensado. La muestra de una gran colección de Arte Negro Africano presentada en el Centro Cultural Borges con los auspicios de la Fundación Ortega y Gasset Argentina y el CIDAF.

Se trata de la colección privada Campomar que deslumbra por la cantidad, variedad y calidad de las piezas exhibidas: extrañas algunas de ellas, sensuales y sugerentes otras, pero todas con esa fuerza armoniosa que pareciera surgir de la naturaleza.

Claro está que para apreciar la muestra y como lo sugieren los carteles explicativos y el impecable catálogo, es necesario abandonar los prejuicios y olvidarse de ubicar los objetos cronológicamente. Sólo se requiere contemplarlos con los ojos que buscan belleza y armonía y, por qué no decirlo, con visión de coleccionista, dispuesto a encontrar lo imprevisto.

De este modo, desfilarán ante nosotros como en ritmo vibrante máscaras rituales en madera, con aplicaciones de bronce y conchillas o fetiches con púas en metal, intermediarios en acciones mágicas o curativas.

Llamará la atención asimismo la concepción de exquisita sencillez de sus figuras, diríamos vanguardistas, como aquella donde los brazos fueron concebidos con forma de rombo. Creaciones que no fueron concebidas como objetos artísticos sino que formaron parte del culto, como intermediaros de los ritos.

La exposición suma en calidad con la reinterpretación plástica de algunas piezas, realizadas por Eduardo Mc Entyre, hasta ahora conocido por el estallido de color de sus pinturas geométricas. Asimismo estas pinturas son recogidas en las serigrafías de Guillermo Mac Loughlin.

Nota publicada: 15-3-2001.