MientrasNievaSobreLosCedros

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El hecho de que el acusado sea de origen japonés sería irrelevante si no fuera por que la acción transcurre durante la segunda posguerra, en la costa oeste de los Estados Unidos, con el recuerdo vívido de Pearl Harbor y con todas las familias japonesas recién llegadas de los campos de concentración donde habían sido recluídas durante la II Guerra.
Para Pensar

La historia comienza con una densa niebla que metafóricamente se extenderá a lo largo de casi todo el film. En medio de la niebla aparece un hombre trepado al mástil de un velero, sujetando un farol. De pronto, niebla cerrada otra vez y luego un pescador japonés empuñando un arpón. Cuando la niebla se disipa, unos pescadores encuentran atrapado en sus redes al hombre del farol. La investigación policial permite sospechar que fue un homicidio y en virtud de los indicios, se acusa a Kazuo Miyamoto. El hecho de que el acusado sea de origen japonés sería irrelevante si no fuera por que la acción transcurre durante la segunda posguerra, en la costa oeste de los Estados Unidos, con el recuerdo vívido de Pearl Harbor y con todas las familias japonesas recién llegadas de los campos de concentración donde habían sido recluídas durante la II Guerra.
Para enredar un poco más las cosas, la esposa del acusado, Hatsue, fue el gran amor de Ishmael Chambers, dueño del periódico local, que estaba haciendo la cobertura del juicio. Gracias a su olfato periodístico, Ishmael encuentra pruebas que exculpan a Kazuo, pero no las revela. Mientras el fiscal acusa a Kazuo por la muerte de Carl Heine, Ishmael acusa a Hatsue en su corazón por haber roto su relación y traicionado su amor. De manera que, en realidad, el film trata de tres juicios simultaneos: el más obvio es el de Kazuo Miyamoto por la muerte de Carl Heine; el segundo es el que trata de poner en el estrado Nels Gudmundson, el abogado defensor: el juicio a los prejuicios raciales de la sociedad norteamericana; por último, el juicio de Ishmael hacia la conducta de Hatsue, que rompió su relación inexplicablemente.
La madeja de la historia se va desenredando lentamente gracias al constante uso del flashback que clarifica la relación entre los personajes, y el flashfoward que vuelve al juicio de Kazuo. Las imágenes borrosas de los recuerdos eventualmente se desdibujan hasta transformarse en formas abstractas y luego van cobrando sentido a medida que transcurre el relato.
La historia es la excusa para que la sociedad norteamericana realice una suerte de análisis de conciencia. En el film, el padre de Ishmael defiende a la comunidad japonesa desde las páginas de su periódico: “…no podemos hacer con ellos lo que no hacemos a los descendientes de italianos o alemanes o españoles (…) que todo lo que hagamos, al final del dia, nos permita decir que siempre actuamos honorablemente…”. Es una especie de Quijote contra los molinos de una sociedad, una vez más, ensañada con un grupo racial. Si antes de la guerra la situación de los japoneses era precaria (no se les permitia poseer tierra, por lo tanto, solo podian trabajar en los campos de los blancos), durante la guerra se hizo vergonzosa. Familias enteras fueron confinadas a campos de concentración, sus bienes les fueron arrebatados y perdieron todo. Cuando la guerra terminó, la situación no mejoró sustancialmente. Al salir de los campos de concentración y tratar de rehacer sus vidas, los japoneses encontraron un muro de silencio cómplice: nadie vio las injusticias, nadie dijo que las hubo, nadie oyó el clamor de justicia de tantas familias.
En esta epoca de jubileos, en los albores del nuevo milenio, este film plantea un análisis moral sobre algunas conductas sociales. Las cuestiones que trata atañen a cualquier sociedad, la nuestra incluída. El racismo, los prejuicios étnicos, la dominación social, han sido problemas comunes a todas las sociedades de todas las épocas en la historia que hemos escrito.
Se trata de un film agradable, construído con bellas imágenes que seguramente, lo dejará pensando…

por Socorro Villa