Bailarina en la oscuridad

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por Adriana Schmorak

Selma Jezkova es una inmigrante checa que llega a los Estados Unidos de América en la década del ´50 (durante la Guerra Fría), con el fin de lograr que su hijo Gene, de 10 años, sea intervenido quirúrgicamente de un mal hereditario que le afecta la vista. Ella ha visto infinidad de musicales americanos en su tierra natal que le han despertado el deseo de conocer un mundo que cree perfecto y pleno de felicidad, un mundo más cercano a su propia vida interior que a la realidad que le tocará vivir.

La Tierra Prometida se irá convirtiendo lentamente en un verdadero infierno para esta mártir moderna, y es que Lars von Trier alude constantemente a temas, figuras y melodías de índole místico-religiosas en este musical que, lejos de imitar el clásico género hollywoodense, lo retoma como un modo incisivo de crítica al poder.

Bailarina en la oscuridad forma parte, junto a Contra viento y marea (1996) y Los Idiotas (1998), de una trilogía que el realizador danés ha titulado “Corazón de oro” en homenaje a un tradicional cuento de hadas asiduamente leído por él en su infancia, cuya heroína es una pequeña niña que decidió internarse en el bosque y renunciar a todas sus pertenencias. En una entrevista otorgada por von Trier a Henrik Fohns en Agosto del 2000, recuerda este relato así:

“¡Nunca leí la última página! Pero me imaginé una mano de Dios descendiendo o algo así. El sacrificio era la parte que yo leí.”

La esencia de la trilogía “Corazón de oro” es la fe, la entrega total y el sacrificio hasta las últimas consecuencias, sin importar el precio. El papel principal siempre está a cargo de mujeres que realizan un enorme sacrificio por sus seres amados.

De la misma forma que los mártires cristianos se enfrentaron a un poderoso imperio y fueron sacrificados por sus ideales, Selma se enfrenta con su pureza y bondad al nuevo imperio que nace tras la Segunda Guerra Mundial, el cual lleva en sí mismo el germen de su decadencia: la frialdad, el egoísmo, la codicia, la impiedad de una sociedad que conduce a la protagonista hacia el cadalso.

No es casual que le corresponda el papel de María en la comedia musical Sonrisas y lágrimas (conocida por nosotros en su versión cinematográfica con el título de La Novicia Rebelde). Un nombre arquetípico para una mujer capaz de todo sacrificio por su único hijo, cuyo amor al prójimo es ilimitado y que, además, rechaza el amor carnal (Jeff le propone iniciar una relación y es rechazado por Selma); una mujer espiritualmente superior que es amada por unos y traicionada por otros y cuyo final es más que previsible.

Tanto en literatura como en cine, el rol arquetípico del vidente ha estado generalmente a cargo de un personaje ciego, el que no puede ver el mundo físico pero sí el espiritual, el que puede ver más allá que los simples mortales. ¿Será simple coincidencia el parecido con la protagonista?

Su antítesis es Bill, un representante de la autoridad local, un personaje cuya autovaloración depende de sus posesiones materiales, por las cuales es capaz de robar, matar o morir con el fin de asegurarse una falsa imagen de hombre exitoso frente a su mujer y a una sociedad que comparte sus valores (o sus disvalores). Resulta difícil olvidar la toma en primer plano de su mano aferrada a los billetes con absoluta codicia mientras está muriendo, de la misma forma que Leonardo da Vinci ha retratado en su “Ultima Cena” la mano de Judas aferrando con fuerza la bolsa llena de monedas, en un claro signo de avaricia.

Sin embargo hay un mensaje de esperanza en la secuencia final: mientras se escuche un sonido habrá vida, aunque sólo sea el ritmo del corazón que Selma percibe desde su interior. La cámara se eleva en la última toma mediante un travelling ascendente hacia un más allá, hacia una elevación espiritual que trasciende este mundo material y mortal.

La penúltima canción es una melodía esperanzada.

Bailarina en la oscuridad: ¿pertenece o no a Dogma 95?

En el aspecto formal, el film ha sido tratado de dos maneras diferentes: con cámara al hombro y sonido directo en aquellas escenas que se podrían calificar de “documentales” y con cien cámaras fijas, colocadas estratégicamente en diferentes puntos, y sonido grabado en paralelo a las imágenes, en las escenas musicales. Este último método de filmación contradice el denominado “voto de castidad” de Dogma 95 cuyo punto 2° prohíbe grabar sonido independientemente de la imagen, y cuyo punto 3° sólo admite el uso de cámara en mano.

Sin embargo Lars von Trier, firmante junto a Thomas Vinterberg del Manifiesto Dogma 95, considera que la utilización de varias cámaras fijas permite una espontaneidad igual o mayor que la lograda mediante la cámara al hombro.