Batalla real

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¿Qué medida puede tomar el gobierno de un país en el que los adolescentes ya no respetan a sus mayores, o lo que es lo mismo, las
leyes, ni norma alguna?Mostrar muertes no es matar, es denunciar

Uno. ¿Qué medida puede tomar el gobierno de un país en el que los adolescentes ya no respetan a sus mayores, o lo que es lo mismo, las
leyes, ni norma alguna? En principio puede no hacer nada. Aunque otra opción podría ser, elegir al azar una división entera entre los colegios del país, llevarla a una isla desierta y obligar a los estudiantes a participar de un particular juego que consiste en matarse unos a otros hasta que quede solo uno. Como escarmiento, claro, y como advertencia a nuevas generaciones aún no descarriadas. El Japón 2000 imaginado por Fukasaku, elige la segunda opción.

Dos. Como una macabra y farsesca metáfora sobre la sociedad post industrial (capitalista y salvaje), Batalla real sacude, descompone, ataca, desestabiliza. El espectador que relajadamente se acomode en la butaca, librará su propia batalla entre seguir viendo, mirar cabezas de co-espectadores y suelo empochoclado, o directamente, levantar e irse. La crudeza explícita y sanguinaria de algunas escenas (y el expectante estado de estar esperando algo aun más horroroso) propicia un actitud tensionante y de excitación permanente. Pero la opción sugerida es seguir viendo (fue la que elegí, y de hecho sobreviví para contarlo) Porque Fukasaku, un septuagenario director que en su haber cuenta con la co-dirección de una de las más importantes peliculas de cine bélico de la historia Tora Tora Tora, lo que hace es mostrar (solo mostrar) la violencia en el mundo, de este mundo, ultra competitivo, deshumanizado, tecnológico. Lo hace escandalizando, porque parece ser la forma más adecuada de sacudir conciencias, estados de letargo. Y se ríe de pacaterías. Moralistas que dirán (y seguro lo harán) que no es un film apropiado para adolescentes, ni para el público en general. Y se ríe (aunque en realidad sufre) Porque no hay mayor desgarramiento y destrucción, que la hipócritamente solapada bajo rótulos liberales, democráticos. Fukasaku muestra (solo muestra) lo que otros hacen, y claro, no muestran.

Tres. Y lo convocó a Takeshi Kitano (Flores de fuego, Hermano, Sonatine), esta especie de anti héroe moderno, inexpresivo, melancólico, violento, para el papel de profesor de colegio y guía en la batalla. Sanguinario y despojado, despiadado y tierno, como suele ser su cine (y sus personajes, o sea, él) aparece en el film, como avalando y compartiendo la mirada de Fukasaku. La vida, como un brutal y sórdido juego, en el que matar, bailar, morir o hacer bromas, no son decisiones a tomar muy distintas entre sí. Aunque en Batalla real, la ironía parece desbordarlo todo. Situaciones amorosas de una cursilería atroz, satirizando las preocupaciones adolescentes (hormonales, idílicas), que se mantienen y se solemnizan hasta momentos previos de carnicerías
y degüellos varios. Secuencias, que acompañadas por remanidas y ridículas musiquitas de fondo (de las que abundan, y son usadas utilitaria y “seriamente” en mucho cine hollywoodense), se convierten en brillantes y risibles sarcasmos. Claro, después vuelve la sangre, y la violencia (entendidas como cotidianas, triviales), y la sonrisa se transforma en mueca de repugnancia. Es que ese es el juego esquizofrénico que propone el director, y lo de atractivo que tiene su film. Además, de un interesante intento desestructurador, en cuanto a estéticas, formatos y significaciones. Letritas que van informando al espectador quiénes fueron los últimos muertos, y cuántos quedan en vida; un Kitano largamente acribillado (muerto, digamos) y que se levanta a atender su celular que suena y suena; escenarios diáfanos y paradisíacos, como marco de una cacería despiadada.

Cuatro. Ah, me olvidaba: la justificación que da el gobierno japonés para tomar esta curiosa decisión escarmentadora es, además del incremento de la violencia juvenil, un creciente desempleo, que coadyuva a la desintegración social, y que alcanza cifras ya intolerables de casi el 15 % de la población…

Sebastián Russo
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Estrenada el 22 de agosto