Como caída del cielo

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Una comedia romántica bien contada de Richard WenkGary es un revendedor de entradas que lidera un variopinto grupo de vendedores callejeros: desde golosinas hasta remeras estampadas con la cara del astro de turno. En cambio, Linda es una eximia estudiante de cocina que fue su novia desde hace ocho años hasta hace poco tiempo, cuando se cansó de que Gary viviera al dia, sin hacer planes para su futuro, sin “existir realmente” (sin identificación, no existe). Ella no quiere ver que él termine como Benny, un ex entrenador de boxeadores que ya no tiene nada, excepto a Gary que cuida de él, agradecido por que fue su mentor. Y para complicar más las cosas, aparece Casino, un mafioso que se ha instalado en su esquina y va a dejarlo sin trabajo.
En realidad, esta es una de esas películas sobre el héroe americano, el self made man que de la nada lo puede todo (como Dios, ¿no?), que se construye a si mismo desde el fondo de la mas honda adversidad. Pero este no es el héroe rudo y frío que ya conocemos. Por el contrario, es un tipo terriblemente simpático, optimista e insistente… en fin, alguien que tiene un encanto especial. Y eso es lo central: el carisma de Gary. Ese carisma que cautivó al guionista y director Richard Wenk, cuando lo conoció veinte años atrás en las calles de Nueva York, y al productor Andy Garcia cuando Wenk le contó la historia. Sin embargo, el guión no logra despojarse de los estereotipos holliwoodenses.

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Wenk optó por utilizar planos generales y objetivos largos para sumergir a los actores en la marea humana de ciertos lugares de Nueva York, como las inmediaciones del Yankee Stadium, el Metropolitan Museum of Art, el Madison Square Garden, el Shubert Alley y Herald Square, escenarios del trabajo de Gary con su grupo. Se trata de una película sobre la gran manzana y sus personajes. En cambio, a la hora de recrear la relación entre los personajes (Linda y Gary, Benny y Gary, etc.), opta por los primeros planos, los ángulos contrapicados y la cámara subjetiva, brindándoles la intimidad que necesitan.

La historia está bien contada. Como buena comedia romántica que es, tiene muchas situaciones hilarantes, otras tantas enternecedoras y cosas por el estilo. Es interesante el planteo del guión, construido desde la ética de quienes trabajan en la calle. Parece ser menos individualista que la nuestra: todos se cuidan entre ellos, comparten todo (desde la comida hasta los arrestos) y llegan a los golpes, si es necesario, para solucionar sus problemas y cuando todo se arregló, la vida sigue sin rencores.
En resumen, es una linda comedia, ideal para ver con amigos.

Socorro Villa