Matrix

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Teniendo como marco un ambiente logrado merced a los diseños de arte y de producción subsidiario de obras como Alien, Terminator o Blade Runner, sitios de culto para los frecuentadores de este cine.
La Matrix Del Infierno

Como en un antiguo relato griego hay dos mundos. Los hombres son prisioneros en una caverna en la que por ignorancia confunden el misérrimo espectáculo de sombras proyectadas contra una pared con la realidad. Afuera, por encima de su cárcel subterránea, hay un orden de cuerpos y formas, de luz y de calor que le están vedados. Como en un antiguo relato griego hay dos mundos, solo que en Matrix la pesadilla está fuera de la caverna, en una tierra arrasada y dominada por máquinas autónomas de una inteligencia tan perversa como ilimitada.

Neo (Keanu Reeves) es un hacker al que un grupo de misteriosos rebeldes le muestra que la realidad no es lo que aparenta ser. Un oscuro maestro de nombre Morpheus (Fishburne) cree ver en él al Elegido, al hombre que liberará a la humanidad de su destino de esclavitud y servilismo. Es su misión tomarlo como discípulo y acompañarlo por el camino ascético que deberá transitar hasta que la profecía del Oráculo se cumpla. El sendero del héroe deberá así ser transitado una vez más para liberar a todo humano de Matrix una entidad imposible de describir sin desdibujarla: Matrix es tanto como el simulacro de todo lo real.

Con este simple argumento en el que bien y mal vuelven a enfrentarse Andy y Larry Wachowsky ?directores/guionistas/productores también del thriller Sin límites y del guión de Asesinos para el director Richard Donner- incursionan en el cyberpunk. Este subgénero del cuento y la novela de ciencia ficción -que articula sus historias en el avasallante desarrollo de la informática, la inteligencia artificial y en un nihilismo exasperado- tiene como principal referente al escritor americano William Gibson de quien ya se había adaptado Johny Mnemonic, cuento llevado al fílmico en la fallida Fuera de Control de la que Reeves también fue protagonista.

En Matrix, un reparto parejo, que tiene como eje al protagonista secundado por Fishburne y la sugerente Moss, mantiene el relato equilibrado sin caer en los estereotipos en que abunda el género y sin desaparecer frente a un pandemonio de efectos visuales y escenas de acción que conjugan espectacularidad y buen criterio estético. Todo teniendo como marco un ambiente logrado merced a los diseños de arte y de producción subsidiario de obras como Alien, Terminator o Blade Runner, sitios de culto para los frecuentadores de este cine.

Quienes busquen en Matrix un entretenimiento desbordante en acción y efectos especiales encontrarán dos horas y cuarto de delección sostenida. Sin óbice a esta lectura del espectador ingenuo los más avezados encontrarán un relato construido a partir de otros fragmentos, manifiestos unos, encubiertos otros. Producto del fin de siglo la obra es hija de su tiempo. Un sincretismo desenfadado no abrevará sólo de la religión, la ciencia, la filosofía y el mito, fuentes todas estas de la ciencia ficción desde Stanislav Lem a Isaac Asimov, de Sturgeon a Bradbury. Sus referencias al cristianismo con nacimientos, resurreciones y epífanías; al budismo Zen, a las misiones daimónicas socráticas ?incluido el imperativo del ?conócete a ti mismo?- se confunden con implícitas o expresas citas literarias a la Alicia de Lewis Carroll, a las persecuciones aéreas de Vértigo, o a la omnipresencia vigilante del 1984 orwelliano. Todo para que el espectador se sienta parte de ese sueño que tan a menudo se confunde con la vida misma.

por Fernando J. VERISSIMO