La Cena

0
10

En una noche como tantas otras, los comensales van llegando poco a poco al restaurante que Ettore Scola ha elegido como escenario para un viejo maestro, un profesor de filosofía con su joven amante, dos actores de teatro, una mujer con mucha experiencia de vida y su hija que quiere convertirse en monja, una familia de turistas japoneses, una joven con su corte, un ruidoso grupo de adolescentes,un padre con sus dos hijos y una mujer solitaria.
Todos a la mesa

En una noche como tantas otras, los comensales van llegando poco a poco al restaurante que Ettore Scola ha elegido como escenario para un viejo maestro, un profesor de filosofía con su joven amante, dos actores de teatro, una mujer con mucha experiencia de vida y su hija que quiere convertirse en monja, una familia de turistas japoneses, una joven con su corte, un ruidoso grupo de adolescentes, un padre con sus dos hijos y una mujer solitaria representan una pequeña muestra de la sociedad italiana retratada en un momento del día y un lugar en el que las máscaras caen y las ollas se destapan.
“La comida y la bebida representan la condición humana, tienen que ver más con el corazón que con el estómago.” dice el viejo maestro parafraseando a un sabio griego y es que, en efecto, es durante la cena que los personajes de Scola abren sus corazones para confesar sus miedos, penas, deseos y frustraciones.
El restaurante se convierte en un lugar donde se cumplen los deseos aunque sea en forma breve y fugaz; donde una esbelta mujer calzando zapatos rojos permite sentarse a la mesa a un hombre que se presenta a sí mismo como mago y prestidigitador de oficio quizá aludiendo al cuento El Mago de Oz, en el que unos zapatos mágicos de rubí permitían, a quien los portase, alcanzar la tierra del ensueño. Como un lugar encantado donde todo es posible por un instante, el profesor de filosofía vive un apasionado romance con una joven estudiante, padres e hijos creen poder entenderse al fin y zanjar diferencias, una joven mujer algo vulgar cumple su sueño de sentarse a la mesa junto a una fina dama de la alta sociedad y beber champagne rodeada de sus amantes, el pequeño niño japonés observa el mundo mediatizado por los medios electrónicos (la cámara de fotos, los videojuegos) ¿y quién no, en esta época?. Pero las ilusiones de los comensales duran lo que una cena: el profesor de filosofía descubre que toda su sapiencia no le ha servido para ser feliz y hacer felices a los demás, padres e hijos vuelven cada cual a sus vidas respectivas después de un breve encuentro y la joven rodeada de amantes retorna con su esposo que la golpea de la misma manera que lo hace la realidad.
Varias veces los personajes ironizan sobre la política: “la izquierda y la derecha son cárceles mentales” afirma uno, “¿Conoces a John Lenin, el cantante?” pregunta un mozo al otro: la búsqueda de un cambio a partir de la militancia política ya no encuentra eco en el hombre moderno, al cual le queda poco en qué creer.
En este contexto, que es el de
la sociedad toda, los personajes tienen miedo de abrirse al amor que implica correr riesgos, los jóvenes que dedican su vida a ayudar a sus semejantes (la joven que quiere convertirse en novicia y el adolescente que faltó a la fiesta) son vistos por los demás como seres “anormales”, en la obra de teatro que los actores están preparando, el Inquisidor tiene letra hasta llegar casi al final, cuando Cristo desciende de la Cruz y, sin decir palabra, lo besa: es un recordatorio del mandamiento que ordena “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Levítico, 19:18).
Scola mismo es quien habla a través de esta obra dentro de la obra que también representa al arte, al igual que el concierto de W.A.Mozart para arpa y flauta que todos escuchan, mientras la cámara realiza un travelling y enfoca primeros planos de los rostros fascinados por la música, sin distinción de edad, color o clase social; una secuencia muy similar a los primeros minutos de La Flauta Mágica (Bergman, 1974) de la cual es probable que Scola haya extraído la idea.
Al igual que en películas como Un día muy particular (1977), El Baile (1983) o La Familia (1996) en las que los conflictos humanos son un reflejo de los políticos, La Cena es un retrato de la realidad actual tal como la ve el gran realizador italiano, que se ha vuelto escéptico respecto a la posibilidad de cambio desde la militancia política y, en cambio, se acerca a una propuesta de elevación espiritual desde el amor al prójimo y al arte.

Adriana Schmorak

Compartir
Artículo anterior60 segundos
Artículo siguienteHuracán