Gitano, quiero ser libre

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Esta coproducción franco española, que supone el debut cinematográfico del gran Antonio Canales bajo la dirección del celebrado realizador de El Extranjero Loco, erige a la última realización de Tony Gatlif como un musical sui generis que tiene como trasfondo una típica historia de gitanos.
matandome suavemente en mi propia via crucis

Esta coproducción franco española, que supone el debut cinematográfico del gran Antonio Canales bajo la dirección del celebrado realizador de El Extranjero Loco, erige a la última realización de Tony Gatlif como un musical sui generis que tiene como trasfondo una típica historia de gitanos. Andalucía es el marco donde tiene lugar este melodrama, por el que desfilen multitud de tipos pintorescos, encabezados por el citado bailaor, cuyo rostro desgarrado encuentra la debida correspondencia en la interpretación de un personaje histriónico a más no poder. La muerte de su hija lleva a la caída del Caco de Canales, un patriarca gitano que se refugia en el alcohol y las fiestas; que a su vez tiene la responsabilidad del cuidado de su sobrino Diego, hijo parapléjico de su hermano huido al extranjero por una deuda de muerte con una familia rival que busca venganza. En Gitano-Quiero Ser Libre de nuevo la venganza es el elemento que impulsa un relato. No hay forma de que los distintos directores se acerquen al mundo gitano desde otra perspectiva que no sea la del inevitable como seductor desquite con todos los tópicos habidos y por haber de este sentimiento.
El film perfila el alma gitana a través de borrosas pinceladas que intentan en su conjunto retratar el corazón envenenado de su protagonista excluyente. No sabemos nada del fallecimiento de la primogénita de Caco, pero tampoco es necesario, ya nos hemos dado cuenta que el patriarca gitano lleva una gran pena dentro del alma. Tampoco se nos cuentan
los orígenes de la reyerta que ahora quiere vengar la familia Caravaca, pero da igual, se trata de un crimen de sangre que una familia gitana nunca puede dejar impune. Porque en esto reside el corazón de una película en la que la captación de la esencia flamenca va más allá de folklorismos y prejuicios. Excepto Antonio Pérez Dechent -como la mano derecha de Caco- y el mencionado Canales, todos los intérpretes del film son no profesionales. No actúan, son ellos mismos dejándose llevar por el arrebato del canto y del baile. Gatlif se ha encargado de poner la lente en el lugar adecuado, sin que ésta limitara o coartara en ningún momento la libre expresión de emotividad de sus personajes. La cámara al servicio del trabajo de los actores y no al revés. Por algo grandes momentos del film lo constituyen las fiestas, los arranques de canto y baile para los que cualquier excusa es buena; coreografías frescas bien acompañadas por la guitarra de Tomatito y la voz de Ahmad al Tuni, la performance de La Caita que consigue encantar incluso a todo un grupo de jóvenes guardia civiles o la desgarradora voz de la Paquera de Jérez que enaltecen un soundtrack superlativo donde el mismo Gatlif es autor de la sinfonía de ruidos de máquinas que se escuchan en los créditos finales de un film que apuesta por un cine libre, sencillo, hermoso y verdadero; ante tantas propuestas que abusan de artificiales.
Moroso, en verdad, en el correr del metraje. Pero de una autenticidad que es bueno descubrir de vez en cuando en la pantalla.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 17 de Enero de 2002.